Avances y retrocesos ante un nuevo desembarco

Los bordes de la tercera ola

En septiembre de 1955 tres militares derrocaron a Juan Domingo Perón. Las medidas en materia económica fueron calcadas en las dos andanadas sucesivas: Proceso de Reorganización Nacional de 1973/ 1976 y The Productive Revolution, de Carlos Menem 1989/1999. Un pequeño intersticio histórico, entre 2015/2019, le otorgó un paso efímero, aunque preparatorio, a Mauricio Macri. La encrucijada presente tiene, como ninguna de las otras, un límite temporal que le suma riesgo a un tránsito, de por sí, convulsionado.

En ámbitos de la política vernácula -y no tanto- se dice que la venganza es un plato que se come frío. Los anuncios del presidente Milei cumplen en gran medida esa premisa. En principio, llegaron justo en el marco de dos efemérides coincidentes: la instauración del Sueldo Anual Complementario (aguinaldo), establecido por Perón el 20 de diciembre de 1945 y los sucesos de 2001, con la caída de Fernando de la Rúa, que se llevó la vida de treinta y nueve personas. Inaugurar la cadena nacional con el anuncio del desguace del Estado, justo en esa jornada, reemplaza coincidencia por oportunidad. Hemos vuelto, mejores.

En segundo lugar, la premura por establecer reglas a la economía, mezclando urgencia y necesidad con letra discepoliana. Así, aparece con idéntica urgencia la solicitud de Macri sobre la transformación de los clubes de fútbol en sociedades anónimas, junto a la entrega del aire, la minería y las tierras de frontera. El monopolio de agencias de turismo y la venta de treinta y tres empresas públicas. En fin, un extenso listado escrito en lógica paralela.

Pero volvamos al principio. El representante de la Marina en aquella banda que volteó al gobierno peronista, Contralmirante Isaac Rojas, había sido agregado naval de Perón en Brasil – donde coincidió con la designación de Pedro Eugenio Aramburu como agregado militar en la embajada argentina en Río de Janeiro- y Uruguay. Tenía la medalla de honor justicialista y un mástil con la bandera argentina, que le había entregado el Secretario General de la CGT, José Espejo, quien encabezó entonces una comitiva oficial del gobierno a Puerto Belgrano, sede de los marinos.

Rojas era en ese momento comandante accidental de esa Base Naval, en cercanías de Bahía Blanca. Ese año la presidencia de Brasil, le otorgó el título de “gran maestre” de la Orden al Mérito Naval de Brasil y “gran maestre” de la Orden Nacional de Cruzeiro del Sur; le confiere el grado de “comendador” de la Orden al Mérito Naval y el grado de “gran cruz”. Toda una carrera que endureció el pecho al marino “de tanto fierro colgado”, decían sus subordinados.

Durante el levantamiento contra el gobierno constitucional de Perón, embarcó en el buque “17 de octubre”, procedente del Murature y ordenó al crucero 9 de julio destruir tanques de combustibles situados en Mar del Plata. Un par de días antes había embarcado en comisión en la Flota de Mar, asumiendo el mando supremo de las Fuerzas Navales de la República, como Comandante en Jefe de la Marina de Guerra en Operaciones.

Aunque el golpe fue en septiembre, el plan comenzó a implementarse tres meses antes, cuando la armada había bombardeado la Casa Rosada. Catorce toneladas de explosivos sobre la población civil, dejó como saldo trecientos cincuenta muertos y casi un millar de heridos. No lograron su objetivo, pero el gobierno peronista entendió hacia dónde iban las cosas y comenzó a organizar la retirada. Era el inicio de un plan que ahora cumple una nueva fase.

Fuente: González Crespo, Jorge; “Memorias del Almirante Isaac F. Rojas”; Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 1993.

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