La batalla territorial en el Sur de América viene mostrando, con absoluta claridad, que Javier Milei va exactamente hacia las antípodas del avance global. Aferrado a un discurso de barricada sin sustento, avanzó en la cumbre de Davos hacia el siglo XIX.

Mientras tanto, hace unos meses un grupo de empresarios y funcionarios brasileños llegó al pueblo pesquero peruano de Chancay, localizado sobre el pacífico a unos 80 kilómetros al norte de Lima. China construye allí un megapuerto que pretende brindar una rápida ruta comercial entre América del Sur y Asia, sin necesidad de utilizar el canal de Panamá.
La terminal de aguas profundas operará a fines de este año, según lo consignó en un extenso informe la agencia noticiosa Reuters. La República Popular China ha invertido en el lugar unos 3500 millones de dólares, con la idea de convertir el sitio en entrada clave a la región, como se sabe, rica en recursos minerales -cobre en Chile y Perú y litio en Argentina-, además de soja, maíz y proteína animal desde el oeste brasileño.
Será la primera controlada por Pekín en América del Sur, que recibirá grandes buques de carga que podrían dirigirse directamente a Asia, lo que supone un recorte de más de dos semanas para algunos exportadores. Consigna Reuters.
La obra es parte de la iniciativa “La Franja y la Ruta” que China lleva una década y plantea un reto para Estados Unidos y Europa que buscan frenar el ascenso chino en América Latina. La fuerza comercial de Pekín le ha ayudado a ganar aliados e influencia en foros políticos, financieros y tecnológicos.
Fase uno
La primera fase de Chancay, controlada mayoritariamente por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports, debería estar terminada en noviembre de 2024. Y el presidente chino, Xi Jinping, que se espera visite Perú ese mes para una cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), podría inaugurar el puerto, dijo una fuente diplomática en Lima.
“Es parte de la nueva Ruta de la Seda de China”, dijo Mario de las Casas, gerente de asuntos corporativos de Cosco Shipping, que tiene el 60% del puerto. El resto pertenece a la minera local Volcán, controlada por la firma global Glencore.
En el puerto de Chancay, cuya construcción comenzó en 2018, el túnel de acceso tiene caracteres chinos blancos sobre un fondo rojo, mientras enormes rompeolas de concreto protegen seis kilómetros de muelle.
José Adriano da Silva, un empresario agrícola brasileño del estado de Acre que visitó el puerto, dijo que el proyecto acelerará el desarrollo regional en el oeste de Brasil y que conversaciones entre funcionarios peruanos y brasileños estaban en marcha para resolver los desafíos del transporte terrestre.
” Es una oportunidad para que la producción de granos y carnes, especialmente de Rondonia, Acre, Mato Grosso y Amazonas, se vaya al Asia por el puerto de Chancay”, dijo Soares, quien también visitó Chancay en septiembre. Los empresarios brasileños “están encantados de la posibilidad de no tener que usar el canal de Panamá para llevar sus mercancías al Asia”, afirmó el embajador.
El diplomático añadió que sería ahora necesario invertir en la actual carretera interoceánica que une el sur de Perú con Brasil, para mejorar rutas de transporte, mientras que un enlace ferroviario largamente discutido continua en fase de estudio.
Transformación estática
China superó a Estados Unidos en el comercio en América del Sur y Central durante el gobierno del expresidente Donald Trump, a pesar de que su administración advirtió periódicamente a la región sobre los peligros de acercarse demasiado a Pekín.
Los funcionarios estadounidenses ahora están adoptando una actitud diferente, argumentando que Estados Unidos ofrece a la región otras cosas más allá del comercio, incluida la inversión en industrias de alta tecnología.
”Creo que utilizar la métrica del comercio para evaluar la influencia de China no es una fórmula precisa”, dijo a Reuters en Buenos Aires Juan González, asesor de la Casa Blanca y director del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional. ”Confiamos en nuestra capacidad para competir con China”, afirmó, instando a los gobiernos regionales a garantizar que no haya “condiciones políticas” para el comercio con Pekín.
El cambio en diez años es marcado.
Hace una década, Perú, el segundo mayor productor mundial de cobre, comerciaba poco más con Estados Unidos que con China. Ahora, China tiene una ventaja de más de 10.000 millones de dólares en el comercio bilateral, según recientes datos anuales. Esa tendencia se está manifestando en toda la región.
Reuters entrevistó a dos decenas de funcionarios, líderes empresariales y expertos en comercio, que junto con un análisis de diez años de datos comerciales revelan cómo China está consolidando su papel de socio comercial y de inversor clave en la región, desafiando un freno económico y las advertencias de Estados Unidos sobre la diplomacia de la trampa de la deuda.
Parte del cambio es pragmático. La China de rápido crecimiento necesita cobre y litio andino de América del Sur, junto con el maíz y soja de las llanuras de Argentina y Brasil. Y su ventaja comercial, de unos 100.000 millones de dólares frente a Estados Unidos en la región, es cada vez mayor, según datos anuales recientes, y aportan una influencia adicional.
China es el principal comprador de soja y carne vacuna de Argentina y tiene un swap de divisas de 18.000 millones de dólares con Argentina, una importante línea de crédito que el país con problemas de liquidez ha utilizado para pagar su deuda, incluso con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
”China se está aprovechando de nuestra ausencia y eso es un problema real”, reconoció por su parte Eric Farnsworth, ex asesor de la Casa Blanca y funcionario del Departamento de Estado, que ahora es un experto sobre la región en el Consejo de las Américas. Farnsworth indicó que el puerto reforzó la poderosa posición de China en Perú y creó un “punto de influencia” en la región.
Dos diplomáticos regionales dijeron que también reflejaba una actitud más ambiciosa de China, a menudo respaldada por grandes bolsillos y muy lejos de una ola de inmigración que llegó a Perú hace dos siglos como trabajadores algodoneros o para establecer en el país “chifas”, establecimientos de comida china.



