La tozuda decisión de defender el menosprecio hacia los que están bajo su responsabilidad, reafirma la subestimación de los docentes como trabajadores esenciales en el desarrollo del país.

No sólo por parte de una ministra de Educación de uno de los centros urbanos más importantes del país, sino también en otras jurisdicciones—como es el caso de Mendoza— donde los docentes perciben el mismo sueldo desde hace un año, a pesar de tener que pagar de su bolsillo el costo de la conectividad para brindar el servicio a una parte —aún no definida de alumnos— y donde la prensa, hija de la gran pauta, hace campaña para degradar más el concepto de docente.
«Enseñar a un niño a amar es imposible sin la educación de su dignidad como ser humano. Aprender a amar, aprender a conocer el amor, aprender a ser feliz, significa aprender a respetarse a sí mismo, para enseñar a apreciar la dignidad humana».
Antón Makarenko
Se hace indispensable colocar a la educación como parte fundamental del motor que debe poner en marcha al país pospandémico, desconocer a la escuela como el eje de giro del desarrollo es caer en la lectura fácil del neoliberalismo, que le asigna a la educación el papel de elemento clasificador y cuyo elemento de medición es el poder adquisitivo de quienes entran en el circuito de formación para el futuro. Con su lógica meritocrática, ubica a quienes poseen un nivel económico mayor en el centro del cauce del desarrollo personal y a los que no están en ese sitio de privilegio, los pone al margen del «río de la fortuna».
Los objetivos de Codehcom están ligados a los derechos humanos y a la comunicación y justamente la educación es igualadora en estos dos aspectos que son clave en la discusión del Colectivo. No se la puede desligar de cualquier actividad humana porque es formadora de identidad; cuando se soslaya su función, y se la deja en manos de agentes al servicio del mercado, ésta queda a disposición de la fácil etiqueta y los prejuicios manejados por quienes son los portadores de la lógica del mérito.
La comunicación atraviesa una crisis de veracidad; la sociedad —víctima de una manipulación criminal— toma partido en la defensa de intereses que le son ajenos, llegan a la violencia física defendiendo la tierra, cuando la única tierra de la que dispone es la que habita en las macetas colgadas de los balcones. Defienden la propiedad privada —aún cuando carecen de propiedad— y el concepto de la misma se acuñó en los sótanos del poder que vive de ellos. Repiten que los dueños de las fábricas producen trabajo cuando justamente es lo contrario y, en todo caso, es empleo lo que son capaces de generar.
Ahora, desligar a la educación de estos y muchos otros fenómenos sociales del país es justamente la esencia de la disputa. Si una ministra es «educada» en un colegio regenteado nada menos que por un jerarca nazi, es preocupante. Que el director General de Escuelas de una provincia salga del seno de los colegios privados y esté privado del sentido de lo público, también hace a la esencia de la instalación de la mediocridad educativa por parte de su área de responsabilidad.
El broche de oro lo instalan al demonizar la actividad gremial, acusándola de adoctrinadora, mentirosa, preocupada solamente por el salario de los docentes y muchas posturas maniqueas más. Y, por supuesto, se vuelven a usar a los medios como elementos de propaganda como extraídos del libro de ese mismo nombre escrito por el célebre Edward Bernays.
Una educación que ayude a pensar y transformar la realidad del país es la que puede abrir de una vez y para siempre el camino del buen vivir.
Sergio Peralta

Periodista y docente (jubilado) mendocino. Fundador del Canal 3 de Televisión Comunitaria de San Martín, Mendoza, exdirector del LV8 Radio Libertador. Militante de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Publica en distintos medios del país y el exterior.



