Copy and paste

Chat GPT: segunda revolución del haraganeo

Elon Musk, creador de OpenAI y cofundador de Tesla y SpaceX, ya sabía que esto iba a suceder: el transformador generativo previo (GPT), fase predigerida de la creación, se llevaría puesto al pensamiento crítico, entre otras cuestiones. El equipo responsable de este desarrollo fue dirigido por Sam Altman, junto a expertos en inteligencia artificial y lenguaje digital.

Detrás de la ley del menor esfuerzo, titánica tarea de los jefes de redacción, especialmente de medios gráficos, se esconden estrategias de control social. En general, hace tiempo que el mercado descubrió que hacerte las cosas más fáciles, no sólo dejaba más tiempo para su propia gravitación, sino que, tras ese objetivo, te convertías en su socio permanente.

A fines de la década de los ´80 las redacciones comenzaron a incorporar masivamente los procesadores de texto. Con el plomo fuera de escena, el avance tecnológico dejó en el camino también un ejército de Lexikon, que cantaban en los boxes al ritmo del salto de carro. Potenciando la velocidad, el suceso real o imaginario, finalizaba en idéntico destino. Hasta allí, el nuevo ciclo de la tecnología agregaba un componente frenético, pero no interfería en la creación.

Doble objetivo: hacértela más fácil y reemplazarte

Las redacciones, lentamente despobladas, cumplían la exigencia de Henry Ford a principios del siglo XX, dejando el camino allanado al copy and paste, mágica herramienta de generación de textos llegada con Internet. Fue la primera fase del reemplazo. Todo más fácil, más rápido y de un terrible parecido a todo. Con la puesta en funciones de un sitio hegemónico de generación de contenidos, una porción creciente de los trabajadores de prensa abandonó lentamente su espíritu crítico.

Siempre se defendió el avance con la misma lógica: es sólo una herramienta.

La explosión digital aceleró primero a cien, luego a mil y así, hasta que, como ahora, es una carrera donde el pelotón de vanguardia no se ve. Aceptamos lo que se proponga, sin demasiada prerrogativa, razón por la cual el reemplazo nos parece una maravilla tecnológica de un mundo al cual ya no pertenecemos. Los avances carecen de significado y el lenguaje simbólico es cada vez más difícil de entender. Un muchacho de 14 puede manejar aplicaciones, dispositivos, máquinas, pero no puede escribir solo, una carta de 10 renglones.

Lenguaje neutro: batalla perdida por la semiótica

Nadie puede echar la culpa al mercado, es cierto. Somos lo que buscamos. El éxito está ineludiblemente atado a la masividad y si no queremos que nos achaquen de ancianos, debemos subirnos al carrusel, aunque no sepamos bien para qué. Es futuro es una droga de diseño cuya fórmula pertenece al poder, al igual que sus regalías. La academia, el lugar donde todas estas cuestiones deberían tratarse, replica modos y prácticas. Toneladas de apuntes circulan por los claustros: un recorte que un mediador realiza para escapar al debate sobre el sentido.

Todo esto en un país, como Argentina, donde palabras, gestos y acciones intervienen en la construcción de un lenguaje simbólico difícil de explicar. A gata podemos argumentar aquellos errores que hacemos volver, reiteradamente.

La sombra totalitaria detrás de la accesibilidad masiva

La circulación masiva de datos, tras los que solemos correr sin demasiada explicación, es en sí misma un recurso estratégico para el control social. El efecto soporífero de esta especie de modernidad diseñada, ha desarrollado en la población el gusto de hacer masiva su privacidad. Que las empresas nos envíen todo tipo de mensajes, no hace que consideremos importante preguntar de dónde obtuvieron esa información. Más bien les facilitamos la conexión, porque opera como referencia, en la consideración de los otros sobre mi persona.

Lo cierto es que tanto dato en poder del poder, no puede terminar en nada bueno. Un día atenderemos el celular y será nuestra propia voz la que nos asegure que hemos sido reemplazados.

Desde la nada

Como se sabe, nada se crea desde la nada. Un texto periodístico original, una novela, un poema, conservan trazos de nuestra vida. La espiral semiótica enlaza datos de las huellas guardadas en el cerebro.  La duda es saber si ese proceso puede ser virtuoso, en orden a su producido o si, por el contrario, copiará la lógica del mercado: no hay cosas buenas ni malas, sólo las hay convenientes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contactese con Puro Pico

Tel: 3442 54-2138
Email: periodismo@puropico.com.ar