Affectio societatis

Crisis de cohesión en las sociedades políticas

Por Rubén Darío Zalazar

Que la sociedad política de coyuntura liquida las amistades a largo plazo, es una característica aceptada por casi todos. Antes de iniciar el camino ya hay quienes se preguntan cómo armar una colectora para zafar de cualquier aprieto.

La circunstancia determina la acción en el tiempo. Explica flujos de asistencia a las ciudades y distritos donde flotan los amigos reales. Así, resulta previsible que se entrelacen acuerdos extraterritoriales que, a la larga, logran enhebrarse con más fortaleza que los del propio terruño. Hacia abajo la matriz se replica y cualquiera, con dos dedos de frente, se anima a conformar su pequeña sociedad de subsistencia.
Puede verlo usted, amigo lector, cuando diarios y portales reproducen fotos de recorridas o lanzamientos de campaña, donde cada cual parece mirar lejos, al costado, impostando un acompañamiento que aceptó a regañadientes. Pero también ocurre donde el haz de luz de la proyección pública, no alumbra las pequeñeces de la cotidianeidad privada. No sería esto un problema, si no fuera porque esta configuración singular termina siendo el eje de la construcción, cuando se conforman las alternativas en el escenario político. 
Soldar presencias de orígenes irreconciliables deriva en una consigna vacía. Se sabe: lo que no concilia arriba, tampoco lo hará abajo. Y eso se nota, cada vez más. Ahora, ¿se puede gobernar con el enemigo en la almohada? Algunos piensan que sí y basan la esperanza en la fortaleza de la futura acción de gobierno, la evolución de un liderazgo en ciernes o, lo más riesgoso, que la convección del proyecto en funcionamiento, arrime paulatinamente a los conversos.

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